lunes, 5 de octubre de 2009

1.

Di un respingo en cuanto el despertador se puso a sonar como un loco. No había dormido en dos días y deseaba con toda mi alma quedarme en la cama, pero tenía que trabajar si quería mantener el pequeño piso, alquilado hacía ya más de tres años. Me levanté de la cama a trompicones, sin querer aún salir de aquel piso tan cálido. Eran las siete y media cuando arranqué el coche, rumbo a la oficina. Sentía algo raro en la cabeza, como si se me olvidara algo; Mentalmente hice una lista de las cosas que debía llevar, y todo estaba en orden. 'No sé por qué me preocupo tanto...' -pensaba mientras conducía por las anchas calles de aquella ciudad. Desvié la mirada un instante hacia el reloj que relucía en mi muñeca izquierda, y como por arte de magia lo recordé:
-¡Mierda! Es el cumpleaños de Becks. -Grité mientras cambiaba de dirección. Tenía que ir o me mataría, pues nunca recordaba su cumpleaños. Becks, como yo la llamaba, era mi hermana pequeña, solo por un par de meses. Su madre se casó con mi padre hacia poco más de cinco años. Aún lo recuerdo, no podía soportar ver el cuadro que era aquella boda. Ni siquiera sé por qué se casaron, ni por qué mi padre tuvo que conocerla... Aunque, bueno... Siempre sacaba el lado bueno del asunto, y lo bueno de todo aquello era Becks. Desde el primer día que la conocí en la cena que organizaron los felices novios no le pude quitar el ojo de encima. ¿ El por qué ? Ni yo lo sé. La ví como a una niña sin regalo de cumpleaños, con una tristeza en la mirada que me asombraba. Yo estaba enfadado, la situación no era para menos... Pero estar triste... No sé, no le veía la lógica por ningun lado.
Dejé a un lado mis pensamientos cuando paré el coche a un lado de la carretera, frente al portal del edificio donde vivía. Nunca me había parecido un barrio lo bastante bueno para ella, pero era una cabezota, y sabía que nunca saldría de allí.
Salí del coche rápidamente y caminé hacia el portal, apenas unos pasos después, ya estaba junto al portero automático. Pulsé el botón de su piso y esperé a oir su voz de niña, mientras apoyaba la espalda en la pared, a punto de quedarme dormido.
-¿Quién es? -Susurró la voz de niña. Sonreí y me coloqué de nuevo delante del portero automático.
-Santa Claus, abre o te comeré. -Le espeté mientras reía a carcajadas.
-Me has despertado. Espero que vengas por un buen motivo, ¿eh? -Gritó por el telefonillo, al mismo tiempo que yo me callaba. Un segundo más tarde sonó el ruido que indicaba que podía abrir la enorme puerta de cristal.
Subí las escaleras tranquilamente, pensando en qué excusa iba a darle cuando viera que no traía regalo alguno. Respiré hondo y la ví parada delante de su puerta, con los brazos cruzados. Estaba muy molesta, pero también alegre. Por una vez en cinco años había recordado que día era a tiempo. Sabía que me compensaría bastante bien por ello.
Me acerqué lentamente y la miré con aire divertido.
-¿Tengo que cantarte el cumpleaños feliz para que me des un beso? -Dije en un tono de voz bajo. No quería despertar a medio vecindario a la hora que era.
-Me has despertado. -Repitió, aún sin dejar de cruzarse de brazos. Me comenzaba a poner de los nervios, como siempre.
-¿Qué más da? No podías estar todo el día durmiendo. Tenemos que salir y divertirnos hermanita.
-No tengo ganas.
-Anda... Porfavor... Que no quiero ir a la oficina.
-Pues duerme.
-Tendré que volver a casa... Y no me apetece.
-Duerme conmigo.
-¿Contigo? Ya, claro.
-Si no quieres hacerlo te quedas ahí fuera. -Fue lo último que dijo antes de darse la vuelta y entrar a su piso, cerrándome la puerta en las narices.
-Becks...
No hubo respuesta, así que golpée la puerta con los nudillos un par de veces.
-Si me abres te doy un chupa-chups... Y... Duermo contigo.
Sonreí con ganas al ver que la puerta se abría poco a poco. Siempre conseguía lo que quería de mí. 'Te tiene hechizado' Decía siempre mi padre. No tenía idea de cuanto. Suspiré y entré lentamente, esperando que me guiará hasta su dormitorio. Cogió mi mano al instante y me arrastró hacia la habitación.
-Quiero mi chupa-chups.
-Que si pesada... -Dije entre risas, mientras la tumbaba en la cama.
-Promete que me lo darás. Sabes que no me fio de tí.
Me encogí de hombros, tumbandome a su lado. No sabía de donde encontraría un chupa-chups, pero ya que lo había dicho...
-Te lo prometo. Y ahora duerme. ¿ Quieres ?
-Si, pero me abrazas, que me ha dado frío en el pasillo. -Dijo al mismo tiempo que estiraba los brazos hacia mí para abrazarme. Fue lo último que oí, pues ya me había quedado dormido entre sus sábanas con olor a rosas que tanto me gustaban.

1 comentario:

  1. GOD, que bonito! Te tengo en el tuenti, pero bueno, creo que nunca hemos hablado. Pero necesito decirte que me ha encantado, y me hago seguidora a la de ya! :)
    Un beso! (K)

    ResponderEliminar