martes, 6 de octubre de 2009

2.

Me sentía desorientado cuando abrí los ojos. No era mi dormitorio, de eso estaba seguro. Ladée la cabeza para ver quien me tenía apresado con sus pequeños brazos, y ahí estaba ella. Dormía tranquilamente y apenas se movía. La miré de arriba a abajo detenidamente, fijándome en cada detalle de su cara... Ahora que lo pensaba, me extrañaba que no estuviese con nadie a estas alturas. En cinco años no la ví nunca acompañada de otro chico y eso era extraño, pues era preciosa. Sacudí la cabeza y miré al techo, últimamente le dedicaba demasiados pensamientos absurdos y me comenzaba a sentir como un bicho raro.
-Hum...Quita...
Sus palabras me hicieron bastante gracia, era ella la que debía quitarse de encima. Suspiré y la moví a los lados, en un intento por despertarla.
-Becks... -Susurré mientras me acercaba a ella. Con la respiración algo agitada le grité. -¡Se quema la casa!
Reía sin parar mientras se levantaba de la cama y corría por la habitación aparentemente asustada. En cuanto se dio cuenta de que era una broma pesada, se acercó a mi y me dio un sonoro golpe con su mano en mi mejilla, ésta al momento se quedó roja.
-Lárgate, idiota.
-Pero...
-Pero nada. Lárgate. -Repitió. Otra vez se había vuelto a enfadar. -pensé con tristeza. Me levanté de la cama y caminé de vuelta a la puerta, esta vez sin ninguna mano que me guiará por la casa. Abrí la puerta y me quedé parado en medio, sin saber si volver o no.
-¿A qué esperas...? -Escuché decir detrás de mí. Seguí caminando hasta adentrarme en el pasillo, en el momento que puse los pies en él, cerró la puerta de golpe.
Al ver que por allí no pasaba ni un alma, decidí sentarme, apoyando la espalda en su puerta.
-Mierda... Mi móvil. -Mascullé mientras daba un puñetazo a la puerta.
Becks era alguien importante para mí, y yo lo era para ella... Pero siempre teníamos peleas. A todas horas. Por tonterías... Eramos demasiado distintos el uno del otro como para poder vivir tranquilos en el mismo sitio. Eramos dos niños pequeños...


Pasaron los segundos, minutos, e incluso creo que horas, hasta que se dignó a abrirme la puerta. Me levanté rápidamente y la saludé con un gesto, ella hizo lo mismo.
-Puedes pasar...
-Si me vas a volver a pegar prefiero no hacerlo.
-Sabes que no lo haré. Te quiero demasiado.
-Eso dices tú...
-Ah, que no me crees... Muy bien.
-No he dicho eso.
-Haz algo para alegrarme, ¿vale?
-¿Qué quieres que haga...? -Pregunté extrañado. A saber que se traía entre manos.
-Dame un abrazo. -Susurró, acercandose un poco a mí.
La abracé con fuerza, si por mi fuera me hubiera quedado toda la vida así. Sentía su aliento en mi mejilla, y sonreí al instante, ella pareció extrañarse, pero no le dio más importancia, siguió abrazandome hasta que comenzó a no sentir los brazos.
-¿Te he alegrado ya?
-Siempre lo haces.
Me toqué la mejilla sonrosada todavía y negué con la cabeza.
-Sé que no lo hiciste con mala intención. -Dijo ella, mirando como me tocaba.
-La proxima vez no me pegues... Porfavor.
-De acuerdo, pero vuelve a abrazarme.
-¿Por qué?
Me crucé de brazos, como un pequeño enfadado, mirandola a los ojos. Nunca llegué a descubrir por qué quería tanto de mí... O tal vez nunca me había dado cuenta de el por qué.
-Porque no quiero que te marches ya.
-No me voy a ir... Aún no. -Susurré mientras deslizaba mis manos por su camiseta, hasta coger las suyas.
-No te vas a ir nunca. -Dijo, apretando mis manos contra su pecho.
-¿Me vas a secuestrar?
-Claro que no... Bueno, tal vez...
-¡No! -Alzé la voz mientras soltaba una carcajada. Secuestrarme, vaya plan.
-Sí.
Tiró de mis manos, volviendo a meterme en su piso, mientras yo cerraba la puerta tras de mí...



1 comentario:

  1. oiix oiix *-* comoo yaa tee e diixoo
    qee boniitoo eel amoor eeeeh *-*
    noo estaa maaal peeqee, mee guustaa xDD
    (LL)tee quiieroo peeqeñaajooo (LL)

    ResponderEliminar